En medio de la vida moderna y sus interminables prisas, es prácticamente cosa de simple supervivencia el poder salirnos de la carrera en la que solemos andar y, establecer una comunicación con la parte divina que todos tenemos dentro.
Basta proponérselo e implementar algunos cambios en la vida de todos los días. Tu dimensión de luz, ese lado divino y bello es esencialmente amor.
Cada día, al despertar, cuando tomes el primer aliento consciente, da gracias a la vida. Mira el sol, busca un rayo de luz y báñate en él, siente la vida que contiene.
Cuando veas las plantas, míralas diferente, disfruta su verde, siente la vida. Mira el cielo e imagínate que al respirar todo ese azul te penetra y te llena de vida.
Si te encuentras una flor en tu camino, no te pierdas su aroma, disfrútalo y sé consciente de que es un regalo de la naturaleza que muchas veces se pierde porque no hay quien lo aprecie.
No importa las circunstancias en que te encuentres, si haces estas pequeñas cosas, comenzarás a encontrar una nueva dimensión en tu vida. Empieza como si fuera un juego y luego será un pasatiempo del que nunca querrás salir.
Esto te va a colocar en un lugar desde donde puedes mirar mejor tu vida porque, al ponerte en comunicación con la vida que te rodea, te estás poniendo en contacto con lo divino que hay en ti.
Entonces, una hermosa mañana, cierra tus ojos y te dedicas a observar tu respiración: su movimiento es el movimiento de la vida. Si entras en la magia del respirar consciente, estarás acercándote a una dimensión muy especial de tu conciencia. Vas a encontrar por el camino corto esa parte divina que tienes y que también poseen todos los seres humanos.
Y este contacto puede cambiar tu vida porque irás descubriendo por ti mismo, una luz, una amor, una verdad. Te estarás preparando para la meditación, para la gran aventura interna.
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